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"A una nariz" por Francisco de Quevedo

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado;

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

 

"Ándeme yo caliente..." por Luís de Góngora

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y agua ardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el Enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.

Ándeme yo caliente
y ríase la gente.

 

"A la rosa" por Francisco de Rioja

Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,
¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo,
y no valdrán las puntas de tu rama,
ni tu púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa?

El mismo cerco alado
que estoy viendo riente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.

 

"Soneto XXIII" por Garcilaso de la vega

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;

Y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello, blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

 

"Madrigal" por Gutierre de Cetina

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay, tormentos rabiosos!
ojos claros, serenos,
ya que así miráis, miradme al menos.

 

"A un pesimista" por José Asunción Silva

Hay demasiada sombra en tus visiones,
Algo tiene de plácido la vida,
No todo en la existencia es una herida
Donde brote la sangre a borbotones.
La lucha tiene sombra, y las pasiones
Agonizantes, la ternura huida,
Todo lo amado que al pasar se olvida
Es fuente de angustiosas decepciones.
Pero, ¿por qué dudar, si aún ofrecen
En el remoto porvenir oscuro
Calmas hondas y vívidos cariños
La ternura profunda, el beso puro
Y manos de mujer, que amantes mecen
Las cunas sonrosadas de los niños?

 

"Fronteras inútiles" por Alejandra Pizarnik

Un lugar
No digo un espacio
Hablo de
Qué

Hablo de lo que no es
Hablo de lo que conozco

No el tiempo
Sólo todos los instantes
No el amor
No

No

Un lugar de ausencia
Un hilo de miserable unión.

 

"Amor y distancia" por Marcelo D. Ferrer

Mi sur te imaginó desde un sueño
Que plácido elevó su libido para buscarte...
Ahí, donde el azteca adora a sus dioses,
Me elevo a tu norte para adorarte.

Tierras aztecas de sacrificios y alabanzas,
Te buscan mis ojos en la inmensidad de esas pampas
Que tienen al águila en su bandera como estampa.

En este espacio infinito donde las formas son letras,
Y el corazón se arrasa con el poder de la palabra,
Acuño esperanzas en cada charla.
Te siento, te veo, te toco
Marcho a tu encuentro inundado de vos
Cuando cierro mis ojos,

 

"Bendita" por Amado Nervo

Bendita seas, por que me hiciste
Amar la muerte, que antes temía.
Desde que de mi lado te fuiste,
Amo la muerte cuando estoy triste;
Si estoy alegre, más todavía.

En otro tiempo, su hoz glacial
Me dio terrores; hoy, es amiga.
¡Y la presiento tan maternal!...
Tú realizaste prodigio tal.
¡Dios te bendiga! ¡Dios te bendiga!

 

"A Blas de Otero" por Gabriel Celaya

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
Y porque el mundo existe, y yo también existo,
Porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
Gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
Quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
De este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
Los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
Los días cualesquiera que nos comen por dentro,
La carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
Las penas amasadas con lento polvo y llanto.

 
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