Bienvenido al sitio web poesias de amistad. Donde encontrarás poesías de autores famosos y también podrás escribir y mostrar tu propio trabajo. Entra, vota por tu favorita y deja tu comentario.

Añade tu poesia

"La sombra del amor"

El más fuerte de los abrazos sólo roza tu piel como una caricia al alma ...

El más dulce de los besos se da con la mirada.

Los amores más grandes son platónicos y el más profundo placer es superficial.

Me has dicho te extraño, dulce susurro.

Fue un pensamiento tuyo directo al corazón,
ese otro sentido.
Ese algo que une a los enamorados.
Ese algo que hizo uno de nosotros dos.

Nos mirábamos sin hablar, cómplices del más bello sentimiento puro y único.
La magia acariciar tus cabellos

¿Qué tan grande fue tu cariño? lo soltaste al aire.

Autor: 
Leanny Baez
 

"Palabras" por Gilberto Owen

Sólo tu palabra,
Río, deletreada,
Repetida, agria.

Sólo las estrellas
-Solas- en el agua
Y despedazadas.

¡Ya viene la luna!
Río, despedázala,
Como a tu palabra

El silencio, como
La noche a la amada,
Río, por románticas.

 

"Bien está y algo es: podemos detenernos" por Lord Alfred Tennyson

Bien está y algo es: podemos detenernos
Aquí, donde en la tierra inglesa lo sepultan,
Y tal vez de su polvo se labre la violeta
De su tierra nativa.

Poco es, mas parece, en verdad, que benditos
Son sus tranquilos huesos,
Al descansar, en medio de nombres familiares,
Y en el mismo lugar que habitó siendo joven.

Venid, pues, manos puras : sostened la cabeza
Que duerme o que se puso la máscara del sueño:
Y vengan cuantos gusten de llorar, y aquí el rito
De los muertos escuchen.

¡Ah! Pero, si pudiera,
Sobre el fiel corazón me arrojaría, y junto

 

"El ángel bueno" por Rafael Alberti

Vino el que yo quería
El que yo llamaba.
No aquel que barre cielos sin defensas.
Luceros sin cabañas,
Lunas sin patria,
Nieves.
Nieves de esas caídas de una mano,
Un nombre,
Un sueño,
Una frente.
No aquel que a sus cabellos
Ató la muerte.
El que yo quería.
Sin arañar los aires,
Sin herir hojas ni mover cristales.
Aquel que a sus cabellos
Ató el silencio.
Para sin lastimarme,
Cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
Y hacerme el alma navegable.

 

"Despedida al piano" por Salvador Díaz Mirón

Tristes los ojos, pálido el semblante,
De opaca luz al resplandor incierto,
Una joven con paso vacilante
Su sombra traza en el salón incierto.

Se sienta al piano: su mirada grave
Fija en el lago de marfil que un día
Aguardó el beso de su mano suave
Para rizarse en olas de armonía.

Agitada, febril, con insistencia
Evoca al borde del teclado mismo,
A las hadas que en rítmica cadencia
Se alzaron otra vez desde el abismo.

Ya de Mozart divino ensaya el estro,
De Palestrina el numen religioso,
De Weber triste el suspirar siniestro
Y de Schubert el canto melodioso.

 

"Mi deleite y tu deleite" por Robert Bridges

Mi deleite y tu deleite
Caminando, como dos ángeles blancos,
En los jardines de la noche.

Mi deseo y tu deseo
Danzando en una lengua de fuego,
Brincando viven y riendo crecen,
A través de la disputa eterna
En el misterio de vida.

El amor, desde el cual surgió el mundo,
Guarda el secreto del Sol.

El amor puede decir y amar exclusivamente
Donde, entre millones de estrellas,
Cada átomo se sabe a sí mismo;
Cómo, a pesar de las penas y la muerte,
La vida es alegre y dulce es la respiración.

Esto que él nos enseñó, esto que nosotros supimos
Cierto, en su ciencia verdadero,

 

"Llénate de mí" por Pablo Neruda

Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora.
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
El fugante, el doliente.

Pero siento tu hora,
La hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
La hora de las ternuras que no derramé nunca,
La hora de los silencios que no tienen palabras,
Tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,
Tu hora, medianoche que me fue solitaria.

Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.

 

"A un triste" por Manuel Gutiérrez Nájera

¿Por qué de amor la barca voladora
Con ágil mano detener no quieres,
Y esquivo menosprecias los placeres
De Venus, la impasible vencedora?

A no volver los años juveniles
Huyen como saetas disparadas
Por mano de invisible Sagitario;
Triste vejez, como ladrón nocturno,
Sorpréndenos sin guarda ni defensa,
Y con la extremidad de su arma inmensa,
La copa del placer vuelca Saturno.

¡Aprovecha el minuto y el instante!
Hoy te ofrece rendida la hermosura
De sus hechizos el gentil tesoro,
Y llamándote ufana en la espesura,
Suelta Pomona sus cabellos de oro.

 

"A Blanca" por Salvador Díaz Mirón

¡Tu belleza mirífica no asoma
Y en éxtasis escucho tu voz clara,
Que llega del jardín cual un aroma,
Pero cual un aroma que cantara!

¡Endulzas con tu acento un mar de acíbar
Y en éxtasis escucho tu voz clara,
Que viene de un amor, cual un almíbar,
Pero cual un almíbar que cantara!

 

"Desvelada" por Gabriela Mistral

Como soy reina y fui mendiga, ahora
Vivo en puro temblor de que me dejes,
Y te pregunto, pálida, a cada hora:
"¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!"

Quisiera hacer las marchas sonriendo
Y confiando ahora que has venido;
Pero hasta en el dormir estoy temiendo
Y pregunto entre sueños: "¿No te has ido?"

 
Distribuir contenido